Walt Disney. El triunfo de un soñador"Walt Disney, hijo de un granjero de Chicago, nunca fue un aplicado estudiante
ni buen empleado; estaba siempre demasiado ocupado soñando despierto
y llenando sus cuadernos de garabatos.
En realidad tampoco fue un gran dibujante. Pero fue un gran soñador,
y sobre todo, una persona dispuesta a luchar por hacer sus sueños realidad.
Trabajando como ilustrador de anuncios para periódicos y cines, Disney
descubrió el mundo de la animación, y decidió que allí
estaba su futuro. Desde entonces emprendió varios proyectos empresariales
con gran éxito de público pero fracaso económico, debido
a los enormes costes de producción.
Su último corto, Alice in Wonderland, un experimento que combinaba imagen
real y animación, supuso la bancarrota de su compañía.
Entonces sí se encontró decidido a abandonar su sueño;
gracias a Dios una distribuidora vio el potencial de Alicia y encargó
a Disney una serie. Tras ella, llego el rotundo éxito de Oswald, el conejo
feliz, que devolvió a Disney el éxito y le permitió recomponer
su empresa. La alegría no duró; un tropiezo con la Universal Pictures,
que tenía los derechos sobre Oswald y decidió prescindir de sus
servicios, estuvo a punto de arruinar a la empresa. Esta vez lo que la salvó
fue el nacimiento de un ratón.
En 1934 Disney emprendio un proyecto visionario: la producción del primer largometraje de animación. Todos estaban convencidos de que algo así arruinaría al estudio e incluso su hermano Roy trató de quitarle la idea de la cabeza. La llamaban "la locura de Disney". Esa locura llamada Blancanieves y los Siete Enanitos recibió una ovación el día del estreno, y un Oscar honorífico - en realidad 8, si contamos los 7 en miniatura que Shirley Temple le entregó el día de la gala-.
Los estudios Disney siguieron creciendo y sus proyectos diversificándose. Pero Walt Disney tenía todavía una última idea megalómana, la de traer a la tierra su mundo de fantasía. Y en 1955, Disneylandia se convirtió en el primer parque temático de la historia.
No siempre tuvo el mismo éxito. Su sueño musical, Fantasía, fue un fracaso en su estreno. Y aún se quedarían otros sueños en el cajón, más por falta de tiempo que de interés, como la película que empezó a desarrollar junto a Salvador Dali.
Por supuesto debemos recordar a las personas que estuvieron junto a Walt Disney y le ayudaron a ser quien fue: como su hermano Roy, apoyo incondicional a lo largo de toda su carrera, y su esposa Lillian, quien tuvo el acierto de recomendar a su esposo cambiar el nombre al personaje que acababan de crear por otro más popular que el de Mortimer; la segunda opción fue Mickey Mouse.
Y no olvidemos que, cuando pensamos en este gran imperio empresarial, urbanístico, cinematofráfico en que se ha convertido Disney, que todo, absolutamente todo, "empezó con un ratón".
María Olmedo