Walt Disney. El triunfo de un soñador


Por María Olmedo Soler, 2010

"Walt Disney, hijo de un granjero de Chicago, nunca fue un aplicado estudiante ni buen empleado; estaba siempre demasiado ocupado soñando despierto y llenando sus cuadernos de garabatos.
En realidad tampoco fue un gran dibujante. Pero fue un gran soñador, y sobre todo, una persona dispuesta a luchar por hacer sus sueños realidad.

Trabajando como ilustrador de anuncios para periódicos y cines, Disney descubrió el mundo de la animación, y decidió que allí estaba su futuro. Desde entonces emprendió varios proyectos empresariales con gran éxito de público pero fracaso económico, debido a los enormes costes de producción.
Su último corto, Alice in Wonderland, un experimento que combinaba imagen real y animación, supuso la bancarrota de su compañía. Entonces sí se encontró decidido a abandonar su sueño; gracias a Dios una distribuidora vio el potencial de Alicia y encargó a Disney una serie. Tras ella, llego el rotundo éxito de Oswald, el conejo feliz, que devolvió a Disney el éxito y le permitió recomponer su empresa. La alegría no duró; un tropiezo con la Universal Pictures, que tenía los derechos sobre Oswald y decidió prescindir de sus servicios, estuvo a punto de arruinar a la empresa. Esta vez lo que la salvó fue el nacimiento de un ratón.

En 1934 Disney emprendio un proyecto visionario: la producción del primer largometraje de animación. Todos estaban convencidos de que algo así arruinaría al estudio e incluso su hermano Roy trató de quitarle la idea de la cabeza. La llamaban "la locura de Disney". Esa locura llamada Blancanieves y los Siete Enanitos recibió una ovación el día del estreno, y un Oscar honorífico - en realidad 8, si contamos los 7 en miniatura que Shirley Temple le entregó el día de la gala-.

Los estudios Disney siguieron creciendo y sus proyectos diversificándose. Pero Walt Disney tenía todavía una última idea megalómana, la de traer a la tierra su mundo de fantasía. Y en 1955, Disneylandia se convirtió en el primer parque temático de la historia.

No siempre tuvo el mismo éxito. Su sueño musical, Fantasía, fue un fracaso en su estreno. Y aún se quedarían otros sueños en el cajón, más por falta de tiempo que de interés, como la película que empezó a desarrollar junto a Salvador Dali.

Por supuesto debemos recordar a las personas que estuvieron junto a Walt Disney y le ayudaron a ser quien fue: como su hermano Roy, apoyo incondicional a lo largo de toda su carrera, y su esposa Lillian, quien tuvo el acierto de recomendar a su esposo cambiar el nombre al personaje que acababan de crear por otro más popular que el de Mortimer; la segunda opción fue Mickey Mouse.

Y no olvidemos que, cuando pensamos en este gran imperio empresarial, urbanístico, cinematofráfico en que se ha convertido Disney, que todo, absolutamente todo, "empezó con un ratón".

María Olmedo