“El abuelo” Martin Vanderhof (Lionel Barrymore) tiene la familia más feliz del mundo. El vive dedicado a su familia y a la armónica desde que, hace años, decidió dejar su importante trabajo para empezar a disfrutar de la vida. Su hija Penny escribe novelas porque hace tiempo les entregaron una maquina de escribir por error. Su yerno, Paul, fabrica cohetes en el sótano con un socio que tiene un cuervo por mascota. Su nieta Essie cocina pasteles mientras aprende ballet con el maestro Kolenkhov, que siempre aparece, casualmente, a la hora de comer. Ed, el marido de Essie, fue un día a comer a casa de su entonces novia, y se quedó para siempre. Cuando no está repartiendo los pasteles de su mujer, "compone" música de Tchaikovsky para ella. Y hace poco el abuelo invitó a vivir con ellos a un oficinista inventor de juguetes. Y finalmente está la otra nieta, Alice (Jean Arthur), cuyo jefe, Tony Kirby (James Stewart), acaba de pedir su mano.
Por supuesto los ricos y prepotentes padres de Tony no están dispuestos a aceptar la relación de su hijo con una simple secretaria. Además el Sr Kirby (Edward Arnold) tiene problemas para cerrar un negocio millonario por culpa de un hombre que no quiere venderle su casa, y que resulta ser el “abuelo". El día que por fin ambas familias se conocen, las cosas no pueden salir peor, y todo parece terminar con la separación de los enamorados y la venta de la casa. Pero ya entonces el Sr Kirby ha tenido tiempo de hablar con el señor Vanderhof, y sus palabras hacen mella en él. Compara su vida con la que el abuelo eligió y se da cuenta de que Martin Vanderhof es mucho más rico que él, porque tiene amigos, muchos amigos.
Con esta película Frank Capra nos regala una historia sobre el amor: sobre el amor al que no le importan las clases sociales; el amor por la familia, el amor por los amigos, y el amor hacia la libertad que nos permite hacer lo que queremos, y ser todo lo que deseamos.
Pero ésta es sólo una película. En la vida real no es tan sencillo dejarse
llevar por los sueños. La vida nos exige muchas cosas, mucho trabajo, muchos
sacrificios personales y laborales. Estamos condenados a sufrir y a hacer sufrir
a la gente que queremos...
¿O no? En su momento Martin Vanderhof pulsó un botón. Sólo eso, pero ese
botón suponía la diferencia entre subir hacia el éxito laboral y la soledad,
o bajar hacia la plenitud personal. A veces es tan sencillo como eso. A veces
nos agobiamos tratando distintas formas de dejar de fumar, de beber, de sacarle
tiempo al trabajo, de buscar tiempo para nosotros... Pero lo importante se
resume en un momento, ese momento en que somos muy conscientes de lo que estamos
a punto de dejar, de las consecuencias de nuestra decisión, y seguimos
adelante.