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Algunas Grandes Poesías de Algunos Grandes Poetas 

(Recopilación realizada por María Olmedo Soler)


Si conoces alguna poesía que crees debe estar en esta recopilación, envíamela.

Indice:

Añadidos posteriores 
(contribuciones de visitantes de la web):

 

LA DOROTEA
(Lope de Vega, 1632) (fragmento)

A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos.
No sé qué tiene el aldea
donde vivo y donde muero,
que con venir de mí mismo
no puedo venir más lejos.
Ni estoy bien ni mal conmigo,
mas dice mi entendimiento
que un hombre que todo es alma
está cautivo en su cuerpo.
Entiendo lo que me basta
y solamente no entiendo
cómo se sufre a sí mismo
un ignorante soberbio.
De cuantas cosas me cansan
fácilmente me defiendo,
pero no puedo guardarme
de los peligros de un necio.
Él dirá que yo lo soy,
pero con falso argumento,
que humildad y necedad
no caben en un sujeto.
La diferencia conozco
porque en él y en mí contemplo
su locura en su arrogancia,
mi humildad en mi desprecio.
O sabe naturaleza
más que supo en este tiempo,
o tantos que naces sabios
es porque lo dicen ellos.
"Sólo sé que no sé nada",
dijo un filósofo haciendo
la cuenta con su humildad,
adonde lo más es menos.
No me precio de entendido,
de desdichado me precio,
que los que no son dichosos
¿cómo pueden ser discretos?
No puede durar el mundo,
porque dicen, y lo creo,
que suena a vidrio quebrado
y que ha de romperse presto.
Señales son del juicio
ver que todos le perdemos,
unos por carta de más,
otros por carta de menos.
Dijeron que antiguamente
se fue la verdad al cielo;
tal la pusieron los hombres
que desde entonces no ha vuelto..
En dos edades vivimos
los propios y los ajenos;
la de plata los extraños
y la de cobre los nuestros.
¿A quién no dará cuidado,
si es español verdadero,
ver los hombres a lo antiguo
y el valor a lo moderno?
Todos andan bien vestidos,
y quéjanse de los precios,
de medio arriba, romanos;
de medio abajo, romeros.
Dijo Dios que comería
su pan el hombre primero
con el sudor de su cara
por quebrar su mandamiento.
Y algunos, inobedientes
a la vergüenza y al miedo,
con las prendas de su honor
han trocado los efetos.
Virtud y filosofía
peregrinan como ciegos;
el uno se lleva al otro,
llorando van y pidiendo.
Dos polos tiene la tierra,
universal movimiento;
la mejor vida, el favor;
la mejor sangre, el dinero.
Oigo tañer las campanas
y no me espanto, aunque puedo,
que en lugar de tantas cruces
haya tantos hombres muertos.
Mirando estoy los sepulcros,
cuyos mármoles eternos
están diciendo sin lengua
que no lo fueron sus dueños.
¡Oh bien haya quien los hizo,
porque solamente en ellos
de los poderosos grandes
se vengaron los pequeños!
Fea pintan la envidia,
yo confieso que la tengo,
de unos hombres que no saben
quién vive pared en medio.

Sin libros y sin papeles,
sin tratos, cuentas ni cuentos,
cuando quieren escribir
piden prestado el tintero.
Sin ser pobres ni ser ricos
tienen chimenea y huerto;
no los despiertan cuidados,
ni pretensiones, ni pleitos;
ni murmuraron del grande,
ni ofendieron al pequeño;
nunca, como yo, firmaron
parabién ni pascua dieron.
Con esta envidia que digo
y lo que paso en silencio,
a mis soledades voy,
de mis soledades vengo.
.....

..... (final)....

No lloréis, ojuelos,
porque no hay razón
que llore de celos
quien mata de amor.
Si puede matar
no intente morir
si hace con reír
más que con llorar.
Si queréis vengar
lo que muerto habéis,
¿por qué no tenéis
de mí compasión.
No lloréis, ojuelos,
porque no hay razón
que llore de celos
quien mata de amor.

 

LA NIÑA DE PLATA
(Lope de Vega)

Un soneto me manda hacer Violante,
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen que es soneto,
burla burlando van los tres delante.
Yo pensé que no hallara consonante,
y estoy a la mitad de otro cuarteto,
mas si me veo en el primer terceto
no hay cosa en los cuartetos que me espante.
Por el primer terceto voy entrando
y parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.
Ya estoy en el segundo y aun sospecho
que voy los trece versos acabando;
contad si son catorce y está hecho.

 

ODA AL DÍA FELIZ
(Pablo Neruda)

Esta vez dejadme
ser feliz,
nada ha pasado a nadie,
no estoy en parte alguna,
sucede solamente
que soy feliz
por los cuatro costados
del corazón, andando,
durmiendo o escribiendo.
Qué voy a hacerle, soy
feliz,
soy más innumerable
que el pasto
en las praderas,
siento la piel como un árbol rugoso
y el agua abajo,
los pájaros arriba,
el mar como un anillo
en mi cintura,
hecha de pan y piedra la tierra
el aire canta como una guitarra.
Tú a mi lado en la arena
eres arena,
tú cantas y eres canto,
el mundo
es hoy mi alma,
canto y arena,
el mundo
es hoy tu boca,
dejadme
en tu boca y en la arena
ser feliz,
ser feliz porque sí, porque respiro
y porque tú respiras,
ser feliz porque toco
tu rodilla
y es como si tocara
la piel azul del cielo
y su frescura.

Hoy dejadme
a mí solo
ser feliz,
con todos o sin todos,
ser feliz
con el pasto
y la arena,
ser feliz
con el aire y la tierra,
ser feliz,
contigo, con tu boca,
ser feliz.

 

ODA A LA PAREJA
(Pablo Neruda)

I -
Reina, es hermoso ver
marcando mi camino
tu pisada pequeña
o ver tus ojos
enredándose
en todo lo que miro,
ver despertar tu rostro
cada día,
sumergirme
en el mismo fragmento
de sombra
cada noche.
Hermoso
es ver
el tiempo
que corre
como el mar
contra una sola proa
formada por tus senos y mi pecho,
por tus mies y mis manos.
Pasan por tu perfil
olas del tiempo,
las mismas que me azotan
y me encienden,
olas como furiosas
dentelladas de frío
y olas como los granos
de la espiga.
pero
estamos juntos,
resistimos,
guardando
tal vez
espuma negra o roja
en la memoria,
heridas
que palpitaron como labios o alas.
Vamos andando juntos
por calles y por islas,
bajo el violín quebrado
de las ráfagas,
frente a un dios enemigo,
sencillamente juntos
una mujer y un hombre.


II -
Aquellos
que no han sentido cada
día del mundo
caer
sobre la doble
máscara del navío,
no la sal sino el riempo,
no la sombra
sino el paso desnudo
de la dicha,
cómo podrán cerrar
los ojos,
los ojos solitarios y dormir?

No me gusta
la casa sin tejado,
la ventana sin vidrios.
No me gusta
el día sin trabajo,
ni la noche sin sueño.
No me gusta
el hombre
sin mujer,
ni la mujer
sin hombre.

Contémplate,
hombre o mujer, que nada
te intimide.
En algún sitio
ahora
están esperándote.
Levántate:
tiembla
la luz en las campanas,
nacen
las amapolas,
tienes
que vivir
y amasar
con barro y luz de vida.

Si sobre dos cabezas
cae la nieve
es dulce el corazón
caliente de la casa.
De otra manera,
en la intemperie, el viento
te pregunta:
dónde está
la que amaste?
y te empuja, moriéndote, a buscarla.
Media mujer es una
y un hombre es medio hombre.
En media casa viven,
duermen en medio techo.

Yo quiero
que las vidas se integren
encendiendo los besos
hasta ahora apagados.
Yo soy el buen poeta
casamentero. Tengo
novias
para todos los hombres.
Todos los días veo
mujeres solitarias
que por ti me preguntan.
Te casaré, si quieres,
con la hermana
de la sirena reina de las islas.
Por desgracia, no puedes
casarte con la reina,
porque me está esperando.
Se casará conmigo.

 

VOLVERÁN...
(Gustavo Adolfo Béquer)

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el alba en sus cristales,
jugando llamarán;

pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha al contemplar;
aquellas que aprendieron nuestros nombres,
ésas... ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aún más hermosas,
sus flores abrirán;

pero aquellas cuajadas de rocío,
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer, como lágrimas del día...,
ésas... ¡no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón, de su profundo sueño
tal vez despertará;

pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido..., desengáñate,
¡así no te querrán!

 

PIRATA
(Rafael Alberti)

Pirata de mar y cielo,
si no fui, ya lo seré.

Si no robé la aurora de los mares,
si no la robé,
ya la robaré.

Pirata de cielo y mar,
sobre un cazatorpederos,
con seis fuertes marineros,
alternos, de tres en tres.

Si no robé la aurora de los cielos,
si no la robé,
ya la robaré.

 

ES VERDAD
(Federico García Lorca)

¡Ay, qué trabajo me cuesta
quererte como te quiero!
Por tu amor me duele el aire,
el corazón
y el sombrero.

¿Quién me compraría a mí
este cintillo que tengo
y esta tristeza de hilo
blanco para hacer pañuelos?

¡Ay, qué trabajo me cuesta
quererte como te quiero!

 

OVIJUELOS
(Miguel de Cervantes)

¿Quién menoscaba mis bienes?
¡Desdenes!
¿Y quién aumenta mis duelos?
¡Los celos!
¿Y quién prueba mi paciencia?
¡Ausencia!
De este modo en mi dolencia
ningún remedio me alcanza,
pues me matan la esperanza,
desdenes, celos y ausencia.

¿Quién me causa este dolor?
¡Amor!
¿Y quién mi gloria repuna?
¡Fortuna!
¿Y quién consiente mi duelo?
¡El cielo!
De este modo yo recelo
morir de este mal extraño,
pues se aunan en mi daño
amor, fortuna y el cielo.

¿Quién mejorará mi suerte?
¡La muerte!
Y el bien de amor, ¿quién le alcanza?
¡Mudanza!
Y sus males, ¿quién los cura?
¡Locura!
De este modo no es cordura
querer curar la pasión
cuando los remedios son
muerte, mudanza y locura.

 

LA VIDA ES SUEÑO
(Calderón de la Barca) (fragmento)

(Jornada segunda, escena tercera, habla Segismundo)


¡Válgame el cielo, qué veo!
¡Válgame el cielo, qué miro!
Con poco espanto lo admiro,
con mucha duda lo creo.
¿Yo en palacios suntuosos?
¿Yo entre telas y brocados?
¿Yo cercado de criados
tan lucidos y briosos?
¿Yo despertar de dormir
en lecho tan excelente?
¿Yo en medio de tanta gente
que me sirva de vestir?
Decid que sueño es engaño:
bien sé que despierto estoy.
¿Yo Segismundo no soy?
Dadme, cielos, desengaño.
Decidme: ¿qué pudo ser
esto que a mi fantasía
sucedió mientras dormía,
que aquí me he llegado a ver?
Pero sea lo que fuere,
¿quién me mete en discurrir?
Dejarme quiero servir
y venga lo que viniere.


(Jornada segunda, escena decimonovena, habla Segismundo)


Es verdad, pues reprimamos
una fiera condición,
una furia, esta ambición,
por si alguna vez soñamos;
y sí haremos, pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña
que el hombre que vive sueña
lo que es hasta dispertar.
Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe;
y en cenizas le convierte
la muerte (¡desdicha fuerte!):
¿qué hay quien intente reinar
viendo que ha de dispertar
en el sueño de la muerte?
Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.
Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí,
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

 

A UN HOMBRE DE GRAN NARIZ
(Francisco de Quevedo)

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una alquitara medio viva,
érase un peje espada mal barbado;

era un reloj de sol mal encarado,
érase un elefante boca arriba,
érase una nariz sayón y escriba,
un Ovidio Nasón mal narigado.

Érase el espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,
las doce tribus de narices era;

Érase un naricísimo infinito,
frisón archinariz, caratulera,
sabañón garrafal, morado y frito.

 

EL BURRO FLAUTISTA
(fábula) (Tomás de Iriarte, 1750-1791)

Cerca de unos prados
que hay en mi lugar
pasaba un borrico
por casualidad.
Una flauta en ellos
halló que un zagal
se dejó olvidada
por casualidad.
Acercóse a olerla
el dicho animal,
y dio un resoplido
por casualidad.
En la flauta el aire
se hubo de colar,
y sonó la flauta
por casualidad.
"¡Oh!, dijo el borrico,
qué bien sé tocar,
¿Y dirán que es mala
la música asnal?"
Sin reglas del arte
borriquitos hay
que una vez aciertan
por casualidad.

 

LA MÁS BELLA NIÑA
(Luis de Góngora)

La más bella niña
de nuestro lugar,
hoy viuda y sola
y ayer por casar,
viendo que sus ojos
a la guerra van,
a su madre dice
que escucha su mal:
Dexadme llorar,
orillas del mar.
Pues me distes, madre,
en tan tierna edad,
tan corto el placer,
tan largo el penar,
y me cautivastes
de quien hoy se va
y lleva las llaves
de mi libertad.
Dexadme llorar,
orillas del mar.
En llorar conviertan
mis ojos de hoy más
el sabroso oficio
del dulce mirar,
pues que no se pueden
mejor ocupar
yéndose a la guerra
quien era mi paz.
Dexadme llorar,
orillas del mar.
No me pongáis freno
ni queráis culpar;
que lo uno es justo,
lo otro por demás.
Si me queréis bien
no me hagáis mal;
harto peor es
morir y callar.
Dexadme llorar,
orillas del mar.
Dulce madre mía,
¿quién no llorará,
aunque tenga el pecho
como un pedernal,
y no dará voces
viendo marchitar
los más verdes
años de mi mocedad?
Dexadme llorar,
orillas del mar.
Váyanse las noches,
pues ido se han
los ojos que hacían
los míos velar;
váyanse, y no vean
tanta soledad
después que en mi lecho
sobra la mitad.
Dexadme llorar,
orillas del mar.

 

COPLAS A LA MUERTE DEL MAESTRE DE SANTIAGO, DON RODRIGO MANRIQUE, SU PADRE
(Jorge Manrique)

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el placer,
cómo después de acrodado
da dolor,
cómo a nuestro perescer
cualquiera tiempo pasado fue mejor.

Y pues vemos lo presente
cómo en un punto es ido
y acabado, si juzgamos sabiamente,
daremos lo non venido
por pasdo.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera
más que duró lo que vió,
porque todo ha de pasar
de igual manera.

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar a la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos;
allegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.

 

CANCIÓN DEL PIRATA
(José de Espronceda)

Con diez cañones por banda,
viento en popa a toda vela,
no corta el mar, sino vuela,
un velero bergantín:
bajel pirata que llaman
por su bravura, el Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.
La luna en el mar riela,
y en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y ve el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá en el frente Estambul.
"Navega, velero mío,
sin temor;
que ni enemigo navío,
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.
"Veinte presos
hemos hecho
a despecho
del inglés,
y han rendido
sus pendones
mil naciones
a mis pies."
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad,
mi ley la fuerza y el viento
mi única patria la mar.
"Allá muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra:
que yo tengo aquí por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.
"Y no hay playa
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho,
y dé pecho
a mi valor."
Que es mi barco mi tesoro...
"A la voz de "¡barco viene!"
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.
"En las presas
yo divido
lo cogido
por igual:
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival."
Que es mi barco mi tesoro...
"Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río:
no me abandone la suerte
y al mismo que me condena,
congaré de alguna antena,
quizá en su propio navío.
"Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí."
Que es mi barco mi tesoro...
"Son mi música mejor
aquilones:
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.
"Y del trueno
al son violento
y del viento
al rebramar,
yo duermo
sosegado,
arrullado
por el mar."
Que es mi barco mi tesoro...

 

EL ALCALDE DE ZALAMEA
(Calderón de la Barca) 

(fragmento)
(habla Crespo, el alcalde)


Al rey la hacienda y la vida
se ha de dar; pero el honor
es patrimonio del alma,
y el alma sólo es de Dios.

 

¿QUÉ ES POESÍA?
(Gustavo Adolfo Béquer)

¿Qué es poesía? Dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.

 

POR UNA MIRADA...
(Gustavo Adolfo Béquer)

Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa, un cielo;
por un beso... ¡yo no sé
que te diera por un beso.

 

ANOCHE CUANDO DORMÍA...
(Antonio Machado)

Anoche, cuando dormía,
soñé ¡bendita ilusión!,
que una fontana fluía
dentro de mi corazón.
Di, ¿por qué acequia escondida,
agua, vienes hacia mí,
manantial de nueva vida
de donde nunca bebí?
Anoche, cuando dormía,
soñé ¡bendita ilusión!,
que una colmena tenía
dentro de mi corazón;
y las doradas abejas
iban fabricando en él,
con las amarguras viejas
blanda cera y dulce miel.
Anoche, cuando dormía,
soñé ¡bendita ilusión!,
que un ardiente sol lucía
dentro de mi corazón.
Era ardiente porque daba
calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba
y porque hacía llorar.
Anoche, cuando dormía,
soñé ¡bendita ilusión!,
que era Dios lo que tenía
dentro de mi corazón.

 

YO VOY SOÑANDO CAMINOS...
(Antonio Machado)

Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!...
¿Adónde el camino irá?
Yo voy soñando, viajero
a lo largo del sendero...
-la tarde cayendo está-.
"En el corazón tenía
la espina de una pasión:
logré arrancármela un día:
ya no siento el corazón."
Y todo el campo un momento
se queda mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.
La tarde más se oscurece,
y el camino que serpea
y débilmente blanquea,
se enturbia y desaparece.
Mi cantar vuelve a plañir:
"Aguda espina dorada
¡quién te pudiera sentir
en el corazón clavada!

 

LA PLAZA
(Antonio Machado)

La plaza tiene una torre,
la torre tiene un balcón,
el balcón tiene una dama,
la dama una blanca flor.
Ha pasado un caballero
-¡quién sabe por qué paso!-
y se ha llevado la plaza
con su torre y su balcón,
con su balcón y su dama,
su dama y su blanca flor.

 

TODO PASA...
(Antonio Machado)

Todo pasa y todo queda;
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.

 

DE PRESAGIOS
(Pedro Salinas, 1892-1951)

El alma tenías
tan clara y abierta,
que yo nunca pude
entrarme en tu alma.
Busqué los atajos
angostos, los pasos
altos y difíciles...
A tu alma se iba
por caminos anchos.
Preparé alta escala
-soñaba altos muros
guardándote el alma-
pero el alma tuya
estaba sin guarda
de tapial ni cerca.
Te busqué la puerta
estrecha del alma,
pero no tenía,
de franca que era,
entradas tu alma
¿En dónde empezaba?
¿Acababa, en dónde?
Me quedé por siempre
sentado en las vagas
lindes de tu alma.

 

DE MARINERO EN TIERRA
(Rafael Alberti, N. 1902)

El mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!
¿Por qué me trajiste, padre,
a la ciudad?
¿Por qué me desenterraste
del mar?
En sueños, la marejada
me tira del corazón.
Se lo quisiera llevar.
Padre, ¿por qué me trajiste
acá?

* * *

Si mi voz muriera en tierra,
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.
Llevadla al nivel de mar
y nombradla capitana
de un blanco bajel de guerra.
¡Oh mi voz condecorada
con la insignia marinera:
sobre el corazón un ancla
y sobre el ancla una estrella
y sobre la estrella el viento
y sobre el viento la vela!

 

ROMANCE DEL DUERO
(Gerardo Diego, 1896 - 1987)

Río Duero, río Duero,
nadie a acompañarte baja;
nadie se detiene a oír
tu eterna estrofa de agua.
Indiferente o cobarde,
la ciudad vuelve la espalda.
No quiere ver en tu espejo
su muralla desdentada.
Tú, viejo Duero, sonríes
entre tus barbas de plata,
moliendo con tus romances
las cosechas mal logradas.
Y entre los santos de piedra
y los álamos de magia
pasas llevando en tus ondas
palabras de amor, palabras.
Quién pudiera, como tú,
a la vez quieto y en marcha
cantar siempre el mismo verso
pero con distinta agua.
Río Duero, río Duero,
nadie a estar contigo baja,
ya nadie quiere atender
tu eterna estrofa olvidada,
sino los enamorados
que preguntan por sus almas
y siembra en tus espumas
palabras de amor, palabras.

 

ROMANCE SONÁMBULO
(Federico García Lorca, 1899-1936)

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.
Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha
vienen con el pez de sombra
que abre camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.
Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los puertos de Cabra.
Si yo pudiera, mocito,
ese trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de Holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
¡dejadme subir!, dejadme
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.

*

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal
herían la madrugada.

*

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento, dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está tu niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperaba,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!

*

Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde.
Verde viento, verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.

 

CANCIÓN ÚLTIMA
(Miguel Hernández)

Pintada, no vacía:
pintada está mi casa
del color de las grandes
pasiones y desgracias.
Regresará del llanto
adonde fue llevada
con su desierta mesa,
con su ruinosa cama.
Florecerán los besos
sobre las almohadas.
Y en torno de los cuerpos
elevará la sábana
su intensa enredadera
noctuerna, perfumada.
El odio se amortigua
detrás de la ventana.
Será la garra suave.
Dejadme la esperanza.

 

PODEROSO CABALLERO ES DON DINERO
(Francisco de Quevedo)

Poderoso caballero
es don Dinero.

Madre, yo al oro me humillo:
Él es mi amante y mi amado,
pues de puro enamorado,
de contino anda amarillo;
que pues, doblón o sencillo,
hace todo cuanto quiero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Nace en las Indias honrado,
donde el mundo le acompaña,
viene a morir en España
y es en Génova enterrado;
y, pues quien le trae al lado
es hermoso, aunque sea fiero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Es galán, y es como un oro;
tiene quebrado el color;
persona de gran valor,
tan cristiano como moro;
pues que da y quita el decoro
y quebranta cualquier fuero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Son sus padres principales,
y es de nobles descendiente,
porque en las venas de Oriente
todas las sangres son reales;
y, pues es quien hace iguales
al duque y al ganadero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Mas, ¿a quién no maravilla
ver en su gloria sin tasa,
que es lo menos de su casa
doña Blanca de Castilla?
Pero, pues da al bajo silla
y al cobarde hace guerrero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Sus escudos de armas nobles
son siempre tan pricnipales,
que sin sus escudos reales
no hay escudos de armas dobles;
y, pues a los mismos robles
da codicia su minero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Por importar en los tratos
y dar tan buenos consejos
en las casas de los viejos
gatos le guardan de gatos;
y, pues él rompe recatos
y ablanda al juez más severo,
poderoso caballero
es don Dinero.

Y es tanta su majestad,
aunque son sus duelos hartos,
que con haberle hecho cuartos,
no pierde su autoridaad;
pero, pues da calidad
al noble y al pordiosero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Nunca vi damas ingratas
a su gusto y afición,
que a las caras de un doblón
hacen sus caras baratas;
y, pues hace las bravatas
desde una bolsa de cuero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Más valen en cualquier tierra
- ¡mirad si es harto sagaz! -
sus escudos en la paz,
que rodelas en la guerra;
y, pues al pobre le entierra
y hace proprio al forastero,
poderoso caballero
es don Dinero.

 

ORIENTAL
(José Zorrilla)

Corriendo van por la vega
a las puertas de Granada
hasta cuarenta gomeles
y el capitán que los manda.
Al entrar en la ciudad,
parando su yegua blanca,
le dijo éste a una mujer
que entre sus brazos lloraba:
-Enjuaga el llanto, cristiana,
no me atormentes así,
que tengo yo, mi sultana,
un nuevo Edén para ti.
Tengo un palacio en Granada,
tengo jardines y flores,
tengo una fuente dorada
con más de cien surtidores,
y en la vega del Genil
tengo parda fortaleza,
que serás reina entre mil
cuando encierre tu belleza.
Y sobre toda una orilla
extiendo mi señorío:
ni en Córdoba ni en Sevilla
hay un parque como el mío.
Allí la altiva palmera
y el encendido granado,
junto a la frondosa higuera
cubren el valle y collado.
Allí el robusto nogal,
allí el nópalo amarillo,
allí el sombrío moral
crecen al pie del castillo.
Y olmos tengo en mi alameda
que hasta el cielo se levantan,
y en redes de plata y seda
tengo pájaros que cantan.
Y tú mi sultana eres,
que desiertos mis salones
están, mi harén sin mujeres,
mis oídos sin canciones.
Yo te daré terciopelos
y perfumes orientales;
de Grecia te traeré velos
y de Cachemira chales.
Y te daré blancas plumas
para que adornes tu frente,
más blancas que las espumas
de nuestros mares de Oriente.
Y perlas para el calor,
y collares para el cuello;
para los labios... ¡amor!
-¿Qué me valen tus riquezas,
-respondiole la cirstiana-,
si me quitas a mi padre,
mis amigos y mis damas?
Vuélveme, vuélveme, moro,
a mi padre y a mi patria,
que mis torres de León
valen más que tu Granada.
Escuchóla en paz el moro,
y manoseando su barba
dijo como quien medita,
en la mejilla una lágrima:
-Si tus castillos mejores
que nuestros jardines son,
y son más bellas tus flores,
por ser tuyas, en León,
y tú diste tus amores
a alguno de tus guerreros,
hurí del Edén, no llores;
vete con tus caballeros.
Y dándola su caballo
y la mitad de su guardia,
el capitán de los moros
volvió en silencio la espalda.

 

ORIENTAL
(José Zorrilla)

Dueña de la negra toca,
la del morado monjil,
por un beso de tu boca
diera a Granada Boabdil.
Diera la lanza mejor
del Zanete más bizarro,
y con su fresco verdor
toda una orilla del Darro.
Diera las fiestas de toros,
y si fueran en sus manos,
con las zambras de los moros
el valor de los cristianos.
Diera alfombras orientales,
y armaduras y pebetas,
y diera... ¡que tanto vales!,
hasta cuarenta jinetes.
Porque tus ojos son bellos,
porque la luz de la aurora
sube al Oriente desde ellos,
y el mundo su lumbre dora.
Tus labios son un rubí
partido por gala en dos...
Le arrancaron para ti
de la corona de Dios.
De tus labios, la sonrisa,
la paz de tu lengua mana...,
leve, aérea, como brisa
de purpurina mañana.
¡Oh, qué hermosa nazarena
para un harén oriental,
suelta la negra melena
sobre el cuello de cristal,
en lecho de terciopelo,
entre una nube de aroma,
y envuelta en el blanco
velo de las hijas de Mahoma!
Ven a Cótrdoba, cristiana,
sultana serás allí,
y el sultán será ¡oh sultana!,
un esclavo para ti.
Te dará tanta riqueza,
tanta gala tunecina,
que has de juzgar tu belleza,
para pagarle, mezquina.
Dueña de la negra toca,
por un beso de tu boca
diera un reino Boabdil;
y yo por ello, cristiana,
te diera de buena gana
mil cielos, si fueran mil.

 

DON JUAN
(José Zorrilla)

(Acto cuarto, escena III, don Juan habla a doña Inés)


Que os hallabais
bajo mi amparo segura,
y el aura del campo pura,
libre, por fin, respirabais.
¡Cálmate, pues, vida mía!
Reposa aquí; y un momento
olvida de tu convento
la triste cárcel sombría.
¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor,
que en esta apartada orilla
más pura la luna brilla
y se respira mejor?
Esta aura que vaga,
llena de los sencillos olores
de las campesinas flores
que brota esa orilla amena;
esa agua limpia y serena
que atraviesa sin temor
la barca del pescador
que espera cantando el día,
¿no es cierto, paloma mía,
que está respirando amor?
Esa armonía que el viento
recoge entre esos millares
de floridos olivares,
que agita con manso aliento;
ese dulcísimo acento
con que trina el ruiseñor
de sus copas morador,
llamando al cercano día,
¿no es verdad, gacela mía,
que están respirando amor?
Y estas palabras que están
filtrando insensiblemente
tu corazón, ya pendiente
de los labios de don Juan,
y cuyas ideas van
inflamando en su interior
un fuego germinador
no encendido todavía,
¿no es verdad, estrella mía,
que están respirando amor?
Y esas dos líquidas perlas
que se desprenden tranquilas
de tus radiantes pupilas
convidándome a beberlas,
evaporarse, a no verlas,
de sí mismas al calor;
y ese encendido color
que en tu semblante no había,
¿no es verdad, hermosa mía,
que están resipirando amor?
¡Oh! Sí, bellísima Inés,
espejo y luz de mis ojos;
escucharme sin enojos,
como lo haces, amor es:
mira aquí a tus plantas,
pues, todo el altivo rigor
de este corazón traidor
que rendirse no creía,
adorando vida mía,
la esclavitud de tu amor.

(Responde doña Inés)

Callad, por Dios, ¡oh, don Juan!
Que no podré resistir
mucho tiempo sin morir,
tan nunca sentido afán.
¡Ah! Callad por compasión,
que oyéndoos, me parece
que mi cerebro enloquece
y se arde mi corazón.
¡Ah! Me habéis dado a beber
un filtro infernal sin duda,
que arendiros os ayuda
la virtud de la mujer.
Tal vez poseéis, don Juan,
un misterioso amuleto,
que a vos me atrae en secreto
como irresistible imán.
Tal vez Satán puso en vos
su vista fascinadora,
su palabra seductora,
y el amor que negó a Dios.
¿Y qué he de hacer, ¡ay de mí!,
sino caer en vuestros brazos,
si el corazón en pedazos
me vais robando de aquí?
No, don Juan, en poder mío
resistirse no está ya;
yo voy a ti, como va
sorbido al mar ese río.
Tu presencia me enajena,
tus palabras me alucinan
y tus ojos me fascinan,
y tu aliento me envenena.
¡Don Juan!, ¡don Juan!, yo lo imploro
de tu hidalga compasión:
o arráncame el corazón,
o ámame, porque te adoro.

 

LA JURA DE SANTA GADEA
(Anónimo)

En Santa Gadea de Burgos,
do juran los fijosdalgo,
allí le toma la jura
el Cid al rey castellano.
Las juras eran tan fuertes
que a todos ponen espanto,
sobre un ferrojo de hierro
y una ballesta de palo.
“Villanos mátente, Alfonso,
villanos, que non fidalgos,
de las Asturias de Oviedo,
que non sean castellanos.
Mátente con aguijadas,
non con lanzas ni con dardos,
con cuchillos cachicuernos,
no con puñales dorados.
Albarcas traigan calzadas,
que non zapatos con lazos,
capas traigan aguaderas,
non de contrai ni frisados;
con camisones de estopa,
non de Holanda ni labrados.
Vayan cabalgando en burras,
non en mulas ni caballos;
frenos traigan de cordel,
non de cueros fodeados.
Mátente por las aradas,
non por villas ni poblados
y sáquente el corazón
por el siniestro costado,
si no dijeres verdad
de lo que te es preguntado:
Si fuiste, ni consentiste,
en la muerte de tu hermano.”
Jurado tiene el buen rey
que en tal caso no es hallado;
pero con voz alterada
dijo, muy mal enojado:
“Cid, hoy me tomas la jura,
después, besarme has la mano.”
Respondiérale Rodrigo,
de esta manera afablado:
“Por besar mano de rey
no me tengo por honrado;
porque la besó mi padre
me tengo por afrentado.”
“Vete de mis tierras, Cid,
mal caballero probado,
y no me estés más en ellas
desde este día en un año.”
“Pláceme” dijo el buen Cid,
“pláceme” dijo “de grado,
por ser la primera cosa
que mandas en tu reinado.
Tú me destierras por uno,
yo me destierro por cuatro”.
Ya se despide el buen Cid
sin al rey besar la mano,
con trescientos caballeros
esforzados fijosdalgo.
Todos son hombres mancebo,
ninguno hay viejo ni cano;
todos llevan lanza en puño
con el hierro acicalado,
y llevan sendas amargas
con borlas de colorado.

 

EL PERRO DEL HORTELANO
(Lope de Vega)

(fragmento. Teodoro reflexiona mientras observa a la condesa)

Nuevo pensamiento mío
desvanecido en el viento
que con ser mi pensamiento
de veros volar me río.
Parad, detened el brío,
yo os detengo y os provoco
porque si el intento es loco,
lo mismo que tú yo escucho;
aunque, donde el premio es mucho,
el atrevimiento es poco.
Y si por disculpa, dais
que es infinito el que espero,
averigüemos primero
pensamiento en que os fundáis.
¿Vos a quien servís amáis?
Diréis que ocasión tenéis
si a vuestros ojos creéis;
pues pensamientos, decidles
que sobre pajas humildes
torre de diamante hacéis.
Si no me sucede bien
quiero culparos a vos,
mas teniéndola los dos
no es justo que culpa os den.
Que podréis decir también,
cuando del cielo os levanto
y de la altura me espanto
donde el amor os subió,
que el estar tan bajo yo
os hace a vos subir tanto.

(fragmento) (hablan Teodoro y la condesa)

“Cierto que vu Señoría,
perdóneme si me atrevo,
tiene en el juicio a veces,
que no en el entendimiento,
mil lúcidos intervalos.
¿Para qué puede ser bueno
haberme dado esperanzas
que en tal estado me han puesto?
Pues del peso de mis dichas
caí, como sabe, enfermo
más de un mes en una cama,
luego que tratamos de esto.
Si cuando ve que me enfrío
se abrasa de vivo fuego,
y cuando ve que me abraso
se hiela de puro hielo.
Dejárame con Marcela;
mas viénele bien el cuento
del perro del hortelano:
no quiere, abrasada en celos,
que me case con Marcela;
y en viendo que no la quiero
vuelve a quitarme el juicio
y a despertarme si duermo.
Pues coma o deje comer,
porque yo no me sustento
de esperanzas tan causadas,
o si no desde aquí vuelvo
a querer donde me quieren.”
“Eso no, Teodoro. Advierto
que Marcela no ha de ser.
En otro, cualquier sujeto
pon los ojos, que en Marcela
no hay remedio.”
“¿No hay remedio?
Pues quiere vu Señoría,
que si me quiere y la quiero
ande a probar voluntades?
¿Tengo yo de tener puesto
donde no tengo gusto,
mi gusto por el ajeno?
Yo adoro a Marcela, y ella
me adora, y es muy honesto
ese amor.”
“¡Pícaro, infame!
Haré yo que os maten luego.”

(fragmento) (continúan hablando Teodoro y la condesa)

“¿Cómo te hallas? ”
“Ya, ¿no lo ves? ”
“¿Y no dirás a tu servicio? ”
“No puedo estar mucho en tu servicio
siendo tal el tratamiento.”
“¡Qué poco sabes!” “Tan poco
te te siento y no te entiendo.
Pues no entiendo tus palabras
y tus bofetones siento.
Si no te quiero te enfadas
y enojaste si te quiero.
Escríbeme si me olvido
y si me acuerto de ofendo.
Pretendes que yo te entienda
y si te entiendo soy necio.
¡Mátame o dame la vida,
da un medio a tantos extremos!”

 

CANTAR DEL MÍO CID
(Anónimo)

(Cantar del Destierro, fragmento)
[3]

Mio Çid Roy Díaz por Burgos entróve,
En sue conpaña sessaenta pendones;
exien lo veer mugiers e varones,
burgueses e burguesas por las finiestras sone,
plorando de los ojos, tanto avien el dolore.
De las sus bocas todos dizían una razóne:
“Dios, qué buen vassallo, si oviesse buen señore!”

[4]

Conbidar le ien de grado, mas ninguno non osava;
el rey don Alfonsso tanto avie la grand saña.
Antes de la noche en Burgos dél entró su carta,
con gran recabdo e fuertemientre seellada:
que a mio Çid Roy Díaz, que nadi nol diessen posada,
e qeuel que gela diesse sopiesse vera palabra
que perderie los averes e más los ojos de la cara,
e aun demás los cuerpos e las almas.
Grande duelo avien las yentes cristianas;
ascóndense de mio Çid, cal nol osan dezir nada.
El Campeador adeliñó a su posada;
así commo llegó a la puorta, fallóla bien çerrada.
Por miedo del rey Alfons, que assí lo pararan:
que si non la quebrantás, que non gela abriessen por nada.
Los de mio Çid a altas voces llaman,
los de dentro non les quieren tornar palabra.
Aquijó mio Çid, a la puerta se llegaua,
sacó el pie del estribera, una rerídal dava;
non se abre la puerta, ca bien era çerrada.
Una niña de nuef años a ojo se parava;
“Ya Campeador, en buena çinxiestes espada!
El rey lo ha vedado, anoch dél entró su carta,
con grant recabdo e fuertemientre seellada.
Non vos osariemos abrir nin coger por nada;
si non, perderiemos los averes e las casas,
e aun demás los ojos de las caras.
Cid, en el nuestro mal vos non ganades nada;
mas el Criador vos vala con todas sus vertudes santas.”
Esto la niña dixo e tornós pora su casa.
Ya lo vede el Çid que del rey non avie graçia.

 

HAMLET, PRÍNCIPE DE DINAMARCA
(William Shakespeare)
(traducido del inglés)

(Acto tercero, escena primera)

¡Ser o no ser: he aquí el problema!
¿Qué es más levantado para el espíritu:
sufrir los golpes y dardos
de la insultante Fortuna, o tomar las armas
contra un piélago de calamidades
y, haciéndoles frente, acabar con ellas?
¡Morir..., dormir; no más! Y pensar
que con un sueño damos fin al pesar del corazón
y a los mil naturales conflictos
que constituyen la herencia de la carne!
¡He aquí un término devotamente apetecible!
¡Morir..., dormir! ¡Dormir!... ¡Tal vez soñar!
¡Sí, ahí está el obstáculo! ¡Porque es forzoso
que nos detenga el considerar qué sueños
pueden sobrevenir en aquel sueño de la muerte,
cuando nos hayamos librado
del torbellino de la vida! ¡He aquí la reflexión
que da existencia a tan larga al infortunio!

 

POESÍAS CASI COMPLETAS
(José Bargamín)

Más me hielo si más ardo
dijo a Eloísa, Abelardo.
(Tuvo la filosofía
-cuando la quiso tener-,
más que un querer saber
-de un saber que no quería-:
que es un sabor de poesía...
-¡Oh sabia sabiduría-
¡Saborear el no ser!...)
No sepamos tan deprisa,
dijo a Abelardo, Eloísa.

 

ALMA A QUIEN TODO UN DIOS PRISIÓN A SIDO
(Fco. De Quevedo)

Alma a quien todo un Dios prisión ha sido
venas de humor tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejará, no su cuidado,
polvo serán, mas polvo enamorado.

 

ROMANCE DEL PRISIONERO
(Anónimo)

Que por mayo, era por mayo,
cuando hace el calor,
cuando los lirios entonan
y están los campos en flor.
Cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor.
Y yo aquí, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión,
que no sé cuando es de día
ni cuándo las noches son
sino por una avecilla
que me cantaba al albor;
matómela un ballestero:
déle Dios mal galardón.

 

LOS LAGARTOS
(Federico García  Lorca)

El lagarto está llorando,
la lagarta está llorando,
el lagarto y la lagarta
con delantalitos blancos.
Han perdido sin querer
su anillo de desposados.
¡Ay, su anillito de plomo!
¡ay, su anillito plomado!
El cielo azul y sin gente
monta en su globo a los pájaros;
el sol, capitán redondo,
lleva un chaleco de raso.
Miradlos qué viejos son,
qué viejos son los lagartos.
¡Ay, cómo lloran y lloran!
¡ay, ay, cómo están llorando!

 

LOS DOS SABIOS (fragmento de LA VIDA ES SUEÑO)
(Calderón de la Barca)

Esto era un sabio que un día,
tan pobre y mísero estaba,
que sólo se sustentaba
de unas hierbas que comía.
¿Habrá otro –para sí decía-
más pobre y triste que yo?
Y la respuesta encontró
cuando, el rostro volviendo,
vio a otro sabio recogiendo
las hierbas que el arrojó.

(Gracias a Domingo Carretero por descubrirme que este famoso 
poema pertenece a la obra La Vida es Sueño. 16-11-2004)

SONETO A JESÚS CRUCIFICADO
(Anónimo (Probablemente de Santa Teresas de Jesús) (Siglo XVI))

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
Clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
muéveme, en en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

Poesías añadidas desde enero de 2003
(contribuciones de visitantes de la web):

AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE
(Francisco de Quevedo) (1580-1645)

Cerrar podrá mis ojos la postrera sombra 
que me llevare el blanco día, 
y podrá desatar esta alma mía 
hora a su afán ansioso lisonjera;
mas no, de esotra parte, en la ribera, 
dejará la memoria, en donde ardía: 
nadar sabe mi llama la agua fría, 
y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido, 
venas que humor a tanto fuego han dado, 
medulas que han gloriosamente ardido:
su cuerpo dejará no su cuidado; 
serán ceniza, mas tendrá sentido; 
polvo serán, mas polvo enamorado.

(Enviado por Toni Vicent, 02-03-2003)

ROMANCE DE ABENÁMAR
(Anónimo)

—¡Abenámar, Abenámar, moro de la morería, 
el día que tú naciste grandes señales había! 
Estaba la mar en calma, la luna estaba crecida, 
moro que en tal signo nace no debe decir mentira.
Allí respondiera el moro, bien oiréis lo que diría: 
—Yo te lo diré, señor, aunque me cueste la vida, 
porque soy hijo de un moro y una cristiana cautiva; 
siendo yo niño y muchacho mi madre me lo decía 
que mentira no dijese, que era grande villanía: 
por tanto, pregunta, rey, que la verdad te diría. 
—Yo te agradezco, Abenámar, aquesa tu cortesía. 
¿Qué castillos son aquéllos? ¡Altos son y relucían!
—El Alhambra era, señor, y la otra la mezquita, 
los otros los Alixares, labrados a maravilla. 
El moro que los labraba cien doblas ganaba al día,
y el día que no los labra, otras tantas se perdía. 
El otro es Generalife, huerta que par no tenía; 
el otro Torres Bermejas, castillo de gran valía. 
Allí habló el rey don Juan, bien oiréis lo que decía:
—Si tú quisieses, Granada, contigo me casaría; 
daréte en arras y dote a Córdoba y a Sevilla. 
—Casada soy, rey don Juan, casada soy, que no viuda; 
el moro que a mí me tiene muy grande bien me quería.

VIDA RETIRADA
Fray Luis de León (1527-1591)

¡Qué descansada vida la del que huye el mundanal ruïdo 
y sigue la escondida senda por donde han ido 
los pocos sabios que en el mundo han sido!
Que no le enturbia el pecho de los soberbios grandes el estado, 
ni del dorado techo se admira, fabricado 
del sabio moro, en jaspes sustentado.
No cura si la fama canta con voz su nombre pregonera, 
ni cura si encarama la lengua lisonjera 
lo que condena la verdad sincera.
¿Qué presta a mi contento si soy del vano dedo señalado,
si en busca de este viento ando desalentado 
con ansias vivas y mortal cuidado?
¡Oh campo, oh monte, oh río! ¡Oh secreto seguro deleitoso! 
roto casi el navío, a vuestro almo reposo 
huyo de aqueste mar tempestuoso.
Un no rompido sueño, un día puro, alegre, libre quiero; 
no quiero ver el ceño vanamente severo 
de quien la sangre ensalza o el dinero.
Despiértenme las aves con su cantar süave no aprendido, 
no los cuidados graves de que es siempre seguido 
quien al ajeno abritrio está atenido.
Vivir quiero conmigo, gozar quiero del bien que debo 
al cielo a solas, sin testigo, libre de amor, de celo, 
de odio, de esperanzas, de recelo.
Del monte en la ladera por mi mano plantado tengo un huerto, 
que con la primavera de bella flor cubierto, 
ya muestra en esperanza el fruto cierto.
Y como codiciosa de ver y acrecentar su hermosura, 
desde la cumbre airosa una fontana pura 
hasta llegar corriendo se apresura.
Y luego sosegada el paso entre los árboles torciendo, 
el suelo de pasada de verdura vistiendo, 
y con diversas flores va esparciendo.
El aire el huerto orea, y ofrece mil olores al sentido,
los árboles menea con un manso ruïdo, 
que del oro y del cetro pone olvido.
Ténganse su tesoro los que de un flaco leño se confían: 
no es mío ver al lloro de los que desconfían 
cuando el cierzo y el ábrego porfían.
La combatida antena cruje, y en ciega noche el claro día 
se torna; al cielo suena confusa vocería, 
y la mar enriquecen a porfía.
A mí una pobrecilla mesa, de amable paz bien abastada 
me baste, y la vajilla de fino oro labrada, 
sea de quien la mar no teme airada.
Y mientras miserable- mente se están los otros abrasando 
en sed insacïable del no durable mando, 
tendido yo a la sombra esté cantando.
A la sombra tendido de yedra y lauro eterno coronado, 
puesto el atento oído al son dulce, acordado, 
del plectro sabiamente meneado.

(Enviado por Javier Serrano, 21-06-2003)

ADMIROSE...
(Leandro Fernández de Moratín )


Admirose un portugués
al ver que en su tierna infancia
todos los niños de Francia
supieran hablar francés.
"Arte diabólico es"
dijo torciendo el mostacho,
"que para hablar el gabacho
un hidalgo en Portugal
llega a viejo, lo habla mal
y acá lo parla un muchacho".

(Enviado por Esperanza Espina, 08-01-2004)

 

LA VENGANZA DE DON MENDO
(Pedro Muñoz Seca)

Los cuatro hermanos Quiñones
a la lucha se aprestaron,
y al correr de sus bridones,
como a cuatro exhalaciones,
hasta el castillo llegaron.
¡Ah del castillo! -Dijeron-.
¡Bajad presto ese rastrillo!
Callaron y nada oyeron,
sordos sin duda se hicieron
los infantes del castillo.
¡Tended el puente!... ¡Tendedlo!
Pues de no hacello, ¡pardiez!,
antes del primer destello
domaremos la altivez
de esa torre, habéis de vello...
Entonces los infanzones
contestaron: ¡Pobres locos!...
Para asaltar torreones,
cuatro Quiñones son pocos.
¡Hacen falta más Quiñones!
Cesad en vuestra aventura,
porque aventura es aquesta
que dura, porque perdura
el bodoque en mi ballesta...
Y a una señal, dispararon
los certeros ballesteros,
y de tal guisa atinaron,
que por el suelo rodaron
corceles y caballeros.

(Enviado por Domingo Carretero, 16-11-2004)

 

TENGO MIEDO...
(Federico García Lorca)

Tengo miedo de perder la maravilla
de tus ojos de estatua y el acento
que me pone de noche en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.
Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla
para el gusano de mi sufrimiento.
Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,
no me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi otoño enajenado.

(Enviado por Juan Carlos, 04-01-2007)

 

EPÍSTOLA SATÍRICA Y CENSORIA CONTRA LAS COSTUMBRES PRESENTES

DE LOS CASTELLANOS, ESCRITA AL CONDE-DUQUE DE OLIVARES
Francisco de Quevedo

No he de callar, por más que con el dedo,
ya tocando la boca, o ya la frente,
silencio avises o amenaces miedo.
¿No ha de haber un espí­ritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?
Hoy sin miedo que libre escandalice
puede hablar el ingenio, asegurado
de que mayor poder le atemorice...
En otros siglos pudo ser pecado
severo estudio y la verdad desnuda,
y romper el silencio el bien hablado.
Pues sepa quien lo niega y quien lo duda
que es la lengua la verdad de Dios severo
y la lengua de Dios nunca fue muda.
Son la verdad y Dios, Dios verdadero,
ni eternidad divina los separa,
ni de los dos alguno fue primero.
Si Dios a la verdad se adelantara,
siendo verdad, implicación hubiera
en ser y en que verdad de ser dejara...
La justicia de Dios es verdadera,
y la misericordia, y todo cuanto
es Dios todo ha de ser verdad entera.
Señor excelentí­simo, mi llanto
ya no consiente márgenes ni orillas:
inundación será la de mi canto.
Ya sumergirse miro mis mejillas,
la vista por dos urnas derramada
sobre las aras de las dos Castillas.
Yace aquella virtud desaliñada
que fue, si rica menos, más temida,
en vanidad y en sueño sepultada.
Y aquella libertad esclarecida
que en donde supo hallar honrada muerte
nunca quiso tener más larga vida.
Y pródiga del alma, nación fuerte,
contaba por afrentas de los años
envejecer en brazos de la suerte.
Del tiempo el ocio torpe, y los engaños
del paso de las horas y del dí­a
reputaban los nuestros por extraños.
Nadie contaba cuánta edad viví­a,
sino de que manera: ni aun una hora
lograba sin afán su valentí­a.
La robusta virtud era señora,
y sola dominaba al pueblo rudo;
edad, si mal hablada, vencedora.
El temor de la mano daba escudo
al corazón, que, en ella confiado,
todas las armas despreció desnudo...
Multiplicó en escuadras un soldado
su honor precioso, su ánimo valiente,
de sola honesta obligación armado.


Y debajo del cielo aquella gente,
si no a más descansado, a más honroso
sueño entregó los ojos, no la mente.
Hilaba la mujer para su esposo
la mortaja primero que el vestido;
menos le vio galán que peligroso.
Acompañaba el lado del marido,
más veces en la hueste que en la cama,
sano le aventuró, vengóle herido.
Todas matronas y ninguna dama,
que nombres del halago cortesano
no admitió lo severo de su fama.
Derramado y sonoro el Oceano
era divorcio de las rubias minas,
que usurparon la paz del pecho humano.
Ni los trujo costumbres peregrinas
el áspero dinero, ni el Oriente
compró la honestidad con piedras finas.
Joya fue la virtud pura y ardiente;
gala el merecimiento y alabanza;
sólo se codiciaba lo decente.
No de la pluma dependió la lanza,
ni el cántabro con cajas y tinteros
hizo el campo heredad, sino matanza.
Y España, con legí­timos dineros,
no mendigando el crédito a Liguria,
más quiso los turbantes que los ceros.
Menos fuera la pérdida y la injuria
si se volvieran Muzas los asientos,
que esta usura es peor que aquella furia.
Caducaban las aves en los vientos,
y expiraba decrépito el venado:
grande vejez duró en los elementos.
Que el vientre entonces, bien disciplinado,
buscó satisfacción y no hartura,
y estaba la garganta sin pecado.
Del mayor infanzón de aquella pura
república de grandes hombres, era
una vaca sustento y armadura.
No habí­a venido al gusto lisonjera
la pimienta arrugada, ni del clavo
la adulación fragante forastera.
Carnero y vaca fue el principio y cabo,
y con rojos pimientos y ajos duros
tan bien como el señor comió el esclavo.
Bebió la sed los arroyuelos puros;
después mostraron del carchesio a Baco
el camino los brindis mal seguros.
El rostro macilento, el cuerpo flaco,
eran recuerdo del trabajo honroso,
y honra y provecho andaban en un saco.
Pudo sin miedo un español velloso
llamar a los tudescos «bacanales»
y al holandés «hereje y alevoso».
Pudo acusar los celos desiguales
a la Italia; pero hoy de muchos modos
somos copias, si son originales.
Las descendencias gastan muchos godos;
todos blasonan, nadie los imita,
y no son sucesores, sino apodos.
Vino el betún precioso que vomita
la ballena o la espuma de las olas,
que el vicio, no el olor, nos acredita.
Y quedaron las huestes españolas
bien perfumadas, pero mal regidas,
y alhajas las que fueron pieles solas.
Estaban las hazañas mal vestidas,
y aún no se hartaba de buriel y lana
la vanidad de fembras presumidas.
A la seda pomposa siciliana,
que manchó ardiente múrice, el romano
y el oro hicieron áspera tirana.
Nunca al duro español supo el gusano
persuadir que vistiese su mortaja,
intercediendo el Can por el verano.
Hoy desprecia el honor al que trabaja,
y entonces fue el trabajo ejecutoria,
y el vicio graduó la gente baja.
Pretende el alentado joven gloria
por dejar la vacada sin marido,
y de Ceres ofende la memoria.
Un animal a la labor nacido
y sí­mbolo celoso a los mortales,
que a Jove fue disfraz y fue vestido;
que un tiempo endureció manos reales,
y detrás de Él los cónsules gimieron,
y rumia luz en campos celestiales,
¿por cuál enemistad se persuadieron
a que su apocamiento fuese hazaña,
y a las mieses tan grande ofensa hicieron?
¡Qué cosa es ver un infanzón de España,
abreviado en la silla a la jineta,
y gastar un caballo en una caña!
Que la niñez al gallo le acometa
con semejante munición apruebo;
mas no la edad madura y la perfeta.
Ejercite sus fuerzas el mancebo
en frentes de escuadrones, no en la frente
del útil bruto la asta del acebo.
El trompeta le llame diligente,
dando fuerza de ley al viento vano,
y al son esté el ejército obediente.
Con cuánta majestad llena la mano
la pica, y el mosquete carga el hombro,
del que se atreve a ser buen castellano!
Con asco entre las otras gentes nombro
al que de su persona, sin decoro,
más quiere nota dar que dar asombro.
Jineta y cañas son contagio moro;
restitúyanse justas y torneos,
y hagan paces las capas con el toro.
Pasadnos vos de juegos a trofeos,
que sólo grande rey y buen privado
pueden ejecutar estos deseos.
Vos, que hacéis repetir siglo pasado
con desembarazarnos las personas
y sacar a los miembros de cuidado;
vos disteis libertad con las valonas
para que sean corteses las cabezas;
desnudando el enfado a las coronas;
y, pues vos enmendastes las cortezas,
dad a la mejor parte medicina:
vuélvanse los tablados fortalezas.
Que la cortés estrella que os inclina
a privar sin intento y sin venganza,
milagro que a la envidia desatina,
tiene por sola bienaventuranza
el reconocimiento temeroso,
no presumida y ciega confianza.
Y si os dio el ascendiente generoso
escudos, de armas y blasones llenos,
y por timbre el martirio glorioso,
mejores sean por vos los que eran buenos
Guzmanes, y la cumbre desdeñosa
os muestre a su pesar campos serenos.
Lograd, señor, edad tan venturosa;
y cuando nuestras fuerzas examina
persecución unida y belicosa,
la militar valiente disciplina
tenga más platicantes que la plaza;
descansen tela falsa y tela fina.
Suceda a la marlota la coraza,
y si el Corpus con danzas no los pide,
velillos y oropeles no hagan baza.
El que en treinta lacayos los divide,
hace suerte en el toro y con un dedo
la hace en Él la vara que los mide.
Mandadlo así­, que aseguraros puedo
que habéis de restaurar más que Pelayo,
pues valdrá por ejércitos el miedo
y os verá el cielo administrar su rayo.

(Enviado por Esperanza Espina, 26-09-2006)

 

UN ANDALUZ MU GUASÓN
Anónimo

Un andaluz 'mu' guasón,
hablando de ortografía,
quiso dar una lección,
y dijo que se escribía
con "h" melocotón.
Dispense usted que le tache,
replicó un hombre de seso;
para que pueda ser eso
¿donde se pone la h"?
¿Que donde? En er mismo hueso.

(Enviado por Santiago Rodríguez, 14-09-2007)

 

RECUERDO INFANTIL
Antonio Machado

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.
Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.
Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.
Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
«mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón».
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales.
Antonio Machado

(Enviado por Santiago Rodríguez, 14-09-2007)

 

SOBRE EL IDIOMA ESPAÑOL
Pablo Parellada «Melitón González»

Señores: un servidor,
Pedro Pérez Paticola,
cual la academia española
«Limpia, fija y da esplendor».
Pero yo lo hago mejor
y no por ganas de hablar
pues les voy a demostrar
que es preciso meter mano
al idioma castellano,
donde hay mucho que arreglar.

¿Me quieren decir por qué
en tamaño y esencia,
hay esa gran diferencia
entre un buque y un buqué?
¿Por el acento?. Pues yo,
por esa insignificancia,
no concibo la distancia
de presidio a presidió
ni de tomas a Tomás,
ni de topo al que topó
de un paleto a un paletó,
ni de colas a Colás.

Mas dejemos el acento,
que convierte como ves,
las ingles en inglés,
y pasemos a otro cuento.

¿A ustedes no les asombra
que diciendo rico y rica,
majo y maja, chico y chica,
no digamos hombre y hombra?
Y la frase tan oída
del marido y la mujer,
¿Por qué no tiene que ser
el marido y la marida?
Por eso, no encuentro mal
si alguna dice cuala,
como decimos Pascuala,
femenino de Pascual.

El sexo a hablar nos obliga
a cada cual como digo:
si es hombre, me voy contigo;
si es mujer, me voy contiga.

¿Puede darse en general,
al pasar de masculino
a su nombre femenino
nada más irracional?
La hembra del cazo es caza,
la del velo es una vela,
la del suelo es una suela
y la del plazo, una plaza;
la del correo, correa;
la del mus, musa; del can, cana;
del mes, mesa; del pan, pana
y del jaleo, jalea.

¿Por qué llamamos tortero
al que elabora una torta
y al sastre, que ternos corta,
no le llamamos ternero?
¿Por qué, las Josefas son
por Pepitas conocidas,
como si fuesen salidas
de las tripas de un melón?
¿Por qué, el de Cuenca no es un cuenco,
bodoque el que va de boda,
y a los que los árboles podan
no se les llama podencos?

Cometa está mal escrito
y es nombre que no me peta;
¿Hay en el cielo cometa
que cometa algún delito?
¿Y no habrá quien no conciba
que llamarle firmamento
al cielo, es un esperpento?
¿Quién va a firmar allá arriba?
¿Es posible que persona
alguna acepte el criterio
de que llamen monasterio
donde no hay ninguna mona?
¿Y no es tremenda gansada
en los teatros, que sea
denominada «platea»
donde no platea nada?

Si el que bebe es bebedor
y el sitio es bebedero,
a lo que hoy es comedor
hay que llamarle comedero.
Comedor será quien coma,
como bebedor quien bebe;
de esta manera se debe
modificar el idioma.

¿A vuestro oído no admira,
lo mismo que yo lo admiro
que quien descerraja un tiro,
dispara, pero no tira?
Este verbo y otros mil
en nuestro idioma son barro;
tira, el que tira de un carro,
no el que dispara un fusil.
De largo sacan largueza
en lugar de larguedad,
y de corto, cortedad
en vez de sacar corteza.
De igual manera me aquejo
de ver que un libro es un tomo;
será tomo, si lo tomo,
y si no lo tomo, un dejo.

Si se le llama mirón
al que está mirando mucho,
cuando mucho ladre un chucho
se llamara ladrón.
Porque la silaba «on»
indica aumento, y extraño
que a un ramo de gran tamaño
no se le llame Ramón.

Y, por la misma razón,
si los que estáis escuchando
un gran rato estáis pasando,
estáis pasando un ratón.
Y sobra para quedar
convencido el más profano,
que el idioma castellano
tiene mucho que arreglar.

Conque basta ya de historias,
y, si al terminar me dais
dos palmadas no temáis
porque os llame palmatorias.


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